martes, 29 de julio de 2008

DIÁLOGO DE DOS MARINEROS



—No hagas ruido; nos oye.
—Ha pasado la medianoche y todavía no duerme. No lo dudes, cuando muera, sus pasos seguirán escuchándose en el fondo de su tumba.
—¿Llevaste todo lo que ordenó?
—Todo. Incluso podría haber quedado algo de mí. Pero tuve suerte, esta vez no lo insinuó. ¿No ves como nos consumimos día tras día en el fondo oscuro de su ceguera?
—Calla, parece que estuvieras refiriéndote al propio diablo.
—Quizá sea algo peor. Ya hace más de diez días que partimos y, que sepamos, no ha dormido. ¿Por qué ha tenido que detenerse en esta isla? Las bodegas están llenas. ¿Qué busca en las arenas de un lugar tan inhóspito como Nantucket?
—Cierto, ¡qué tierra tan estéril! Este viento helado la barre sin descanso y no hay abrigo que mitigue el intenso frío. ¿Por qué partimos con tanta precipitación? ¿Para acabar a pocas millas en un lugar donde no crece la hierba? Mejor estaría con mi Elsa cerca del fuego. Las horas se le van a esta cabeza afanándose en soñar tierras al sur y eso me produce dolor. ¡Qué desgracia la mía que ni navegando en fantasías obtengo placer!
—No entrarás nunca en calor. Él es el faro que nos hiela. Aquí o allá, su malquistado valor parece en perpetua pugna con su cobardía. ¡Maldita ignorancia! No sé ni a quién seguimos. Créeme si te digo que fue en mala hora aquella en la que me enrolé. Lo maligno siempre se vistió de negro y yo le tengo pavor a lo impenetrable y sombrío.
—¡Qué no escuche la palabra cobardía! Nos desollaría vivos.
—Cobarde o valeroso, ¡qué más da! Son caras de una misma moneda. Por eso y solo por eso, el que paga con ella sabe lo que compra.
—¡No quiero saberlo!
—¡Abre los ojos! Y, si no eres capaz de verlo, estoy seguro de que eres capaz de escucharlo. Ahora que el sonido de sus pasos es más claro y cercano, ¿no sientes la sangre agazapada en el intervalo de su zancada?
—¡Calla! Ha salido a cubierta y se dirige a la amura de estribor.
—Ahí lo tienes, como un fantasma firme y ausente que durante el día cuenta granos de arena y durante la noche, estrellas. Nunca algo que se pueda sujetar firmemente con las manos: pan que llevar a la boca o una cinta de seda que recoja el pelo de tu Elsa en el baile del sábado.
—Se ha vuelto. ¡Viene hacia aquí! ¡Quiera Dios que no seamos nosotros los que le hayamos sacado de sus pensamientos!
—¡Dios lo quiera!

Ilustración de Rockwell Kent en Moby Dick, 1930

sábado, 26 de julio de 2008

DESAMOR



El capitán vino del sur cuando todavía era un hombre o cuando estaba aprendiendo a dejar de serlo. Nadie le recuerda embarcado en su desamor remontando el East River bajo un remoto puente de Brooklin.

Ojos de olvido en el horizonte geométrico de cabos que cicatrizan el cielo.

Escondido lejos de babor o estribor, instalado siempre en la línea de crujía con sus dos piernas firmes sobre las tablas, sueña un futuro, envejeciendo a golpe de imágenes que le devuelvan su condición perdida. Apenas percibe Nueva York; nada le ata a la orilla al dejar atrás el puente de Williamsburg. Viento en las velas a la búsqueda del océano, al más allá del tiempo donde el presente desaparece entre las grietas de la herida: aquel fogonazo infausto.

Nada recuerda el capitán mientras cuenta las arenas en la playa de Nantucket.


Ilustración: Rockwell Kent en Moby Dick, 1930.



Nueva York, Brooklin

sábado, 19 de julio de 2008

MUERTE DE DÁNAE




(De cuando el capitán olvidó el placer.
De cuando se echó al mar en un barril de madera).

Sangre,
herrumbre de plaquetas
galopando la planicie extensa de tu frente.

Agua que bulle y se ondula
al sonido atroz de la hora nocturna.

Languidez de la mano,
antes viva y ahora tibia y abocada al abismo
del movimiento final.

Puedo decir:
"ella era la música".
Pasado abierto por la cesura
del trueno todavía no resuelto y ya ido.

También añadiré a la crónica:
"ella fue el abrazo".
Y el color de la escenografía
tornará del rojo al frío azul
en ese parpadeo del instante
que nos tocaba con sus dedos y ya no.

Fue todo lo que vi tras la neblina del disparo.


Ilustración: Danáe, de Gustav Klimt