lunes, 30 de abril de 2007

LIGEREZA


Me asusta la ligereza con la que se persiguen objetivos deseados y públicos. Apenas el rigor imprime carta de naturaleza a aquellos sucesos pensados para ser de dominio público. Vivimos tiempo de ruido, del sonoro y del metafórico. Recorremos caminos amenazados por nuestra propia incuria; ¿quién se atrevería a cortar una sola brizna de hierba del suelo que pisamos? Nos manifestamos inermes mientras la naturaleza invade la única ruta que nos es dado recorrer. Y ya no es posible percatarnos del peligro.
Ayer contemplé como personas de procedencia y educación diferentes eran incapaces de ver lo obvio en un acto público escolar celebrado en un municipo vecino: a la llegada, el colegio estaba cubierto de desperdicios producto de manos escolares poco dadas a la limpieza y de un profesorado ajeno a lo pedagógico; el aspecto externo del centro presentaba un aspecto lamentable: uralitas viejas, desconchados, humedades, pintadas...; la organización asumía, entre otras cosas, que un orden previo era innecesario; que la comida se sirviera tras una hora desesperante de hastío (del que, en el mundo infantil, nace muchas veces la agresividad); que, si las previsiones de asistencia se hubieran cumplido, comer se habría convertido en un tormento de difícil solución; que no se entregaran los regalos prometidos... Pero había felicidad a mi alrededor.
Hemos entrado en la jaula de las fieras; tan adentro que ya no vemos los barrotes ni el peligro. Somos pura inercia despreocupada: echamos la cabeza hacia atrás mientras el aire mueve nuestros cabellos.

miércoles, 25 de abril de 2007

SENTIDO DEL HUMOR


Los individuos se organizan en sociedad a partir de convenciones, de lo que sería un ejemplo excelente el saludo, y de comportamientos emocionales inteligentes. De estos últimos, quizá el más significativo sea el que acostumbramos a llamar sentido del humor. Con su concurso, los seres humanos segregamos un tejido conectivo que nos permite afrontar el futuro en positivo; aquellos grupos que lo tienen como parte intrínseca de su ser plural pueden aspirar a cotas progresivas de mejoramiento en su entorno. Aunque, quizá más importante, sea su efecto "antibiótico". Los virus que atacan de manera radical la convivencia pacífica (base de cualquier mejora) son los que inoculan agresividad incontrolada, belicosidad destructiva en el grupo con mejores perspectivas. Solo el sentido del humor mantiene a raya, en su justa medida, gérmenes consustanciales a nuestra naturaleza: no nos elimina los dientes, pero nos recorta los cortantes caninos, nos humaniza.
Día a día, experimento en el colegio lo exiguo de nuestras vacunas de buen humor. Vivimos al borde del abismo de la enemistad, aunque casi nadie se percate. Nos encontramos cada mañana, los profesores, ajenos a la escasa disponibilidad de buen humor que atesoramos uno a uno. La incomunicación del aula nos salva. Con gran clarividencia, una compañera resumió esos instantes decisivos en que estamos dispuestos a atravesar la raya: "¡Por favor, no disparemos al pianista!".

lunes, 23 de abril de 2007

DÍA DEL LIBRO


Hay actividades que te producen la euforia de la vigencia. No importa que se hayan repetido mil veces: nos renovamos en ellas. Hoy hemos celebrado el Día del Libro. Durante cuarenta y cinco minutos el Colegio ha estado en silencio. En mi aula los niños comenzaron a regañadientes la lectura obligatoria de un libro preparado antes de salir al recreo. Poco a poco se produjo el milagro: a los diez minutos yo me pude concentrar en mi propia lectura ya que todos ellos estaban embebidos en la suya. Cuando le puse punto y final tuve protestas; me costó arrancarles el libro para seguir con la programación cotidiana.
¡Bendita la rueda que nos devuelve experiencias que le dieron fundamento a nuestro carácter y que hoy, con la fe del capitán del Pequod, empujo con todo el ánimo a pesar de los constantes vientos en contra!

domingo, 22 de abril de 2007

INICIO


No recuerdo ya el inicio de la singladura y reconocerlo me desconsuela. "Mi patria son mis recuerdos" lei cuando comenzó a encanecer mi cabello; y asentí con un regusto agridulce. ¡Cuántas historias y rostros se ha comido el tiempo!

Era tan joven que aún hoy me sonroja su ingenuidad; era tan joven que todavía hoy me asombra su fuerza. Pero era yo: entrando en el sexo, abriendo el saber, ocupando el espacio breve de un aula. Trilogía inconexa de una vida que no deseo revisitar en días donde las sombras comienzan a extenderse tras tu espalda.