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Es el día de la derrota en que Baal, Jinete de las Nubes, abandonará a su suerte a los filisteos. Fue entonces cuando el mar quedó a merced de los que le daban la espalda, de los que nos hicieron saber que Yahvé era Dios y David, su profeta. Y todo fue un erial.
Es por eso que, aún hoy en día, sólo los iluminados, los filisteos, persiguen a la divinidad en los espacios blancos marinos. El resto es humo que escamotea la carne y sólo ofrenda huesos a dioses ciegos y secos.

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