Hay actividades que te producen la euforia de la vigencia. No importa que se hayan repetido mil veces: nos renovamos en ellas. Hoy hemos celebrado el Día del Libro. Durante cuarenta y cinco minutos el Colegio ha estado en silencio. En mi aula los niños comenzaron a regañadientes la lectura obligatoria de un libro preparado antes de salir al recreo. Poco a poco se produjo el milagro: a los diez minutos yo me pude concentrar en mi propia lectura ya que todos ellos estaban embebidos en la suya. Cuando le puse punto y final tuve protestas; me costó arrancarles el libro para seguir con la programación cotidiana.
¡Bendita la rueda que nos devuelve experiencias que le dieron fundamento a nuestro carácter y que hoy, con la fe del capitán del Pequod, empujo con todo el ánimo a pesar de los constantes vientos en contra!
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