sábado, 2 de febrero de 2008

LA MONEDA


Es la primera hora del día. El capitán Achab se asoma a cubierta y, mientras huele los vientos, se atreve a golpear de nuevo, con la mirada, el vínculo solidario que brilla aferrado a la madera. La débil luz devuelve un océano sobre el que navega una ciudad en los límites de babor y estribor. Mientras el fantasma se despereza allá dónde esté, la voluntad fijada en un mástil da cuerpo al ángel caído. Dios dándose al olvido del mundo. Mientras, el hombre buscándo su reflejo en una salina y luminosa moneda de plata clavada en una de las arrugas de su memoria.

Ilustración: Barco ballena, 2002, de Gabriel Macotela




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