Giro en el tiovivo de la impostura mientras soy incapaz de volver la mirada a ese punto que nos devuelve la cordura, la realidad. Voy o vengo a través de retales variados sumergidos en mentiras. Cada uno de ellos me dibuja en la esencia concreta de una máscara mientras sigo girando ajeno a las miradas de los otros, las que deseo pero que nunca se corporeizan. Nadie me mira subido en ese caballito que sube y baja; todo lo ocupa una música chillona que apaga los sentidos. La cresta de la ola solo me eleva a la soledad de un fotograma en blanco y negro de posguerra provinciana. Simulo el anonimato sin saber que estoy instalado en él.
Metas, claves y océanos
Hace 15 años.
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