miércoles, 2 de mayo de 2007

¡A LAS BARRICADAS!


¡Qué lejos duermen los días de juventud! ¡Y qué difícil les resulta a ciertas personas reconocer que aquel tiempo dormita ajeno a los moderados vientos que rigen nuestros días! Se agitan con bríos nuevos y no perciben la impostura. La ingenuidad adolescente preside su discurso mientras lo patético se adueña de su actuación. ¡Ay de aquellos que olvidan el mensaje de la piel cuarteada y los cabellos canos!
En el día de hoy escuché, con voz altisonante y con el claustro de profesores como auditorio, que lo hecho por nuestra Conselleira de educación no lo recogían los anales ni en los duros tiempos de Franco. ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo un hombre de cincuenta y muchos años, aburrido y amargado por la carrera ininterrumpida de los cursos escolares extiende las plumas para anunciar urbi et orbi que el gallo no ha muerto?
--¡A la huelga!
¿Y los jóvenes? Creo que durmiendo el sueño eterno de la vejez a través de un silencio apolillado.
Me viene al teclado el exabrupto de Romanones: "¡Qué tropa!". (Estoy casi seguro de que es un final injusto o, por lo menos, poco caritativo. Ya veremos).

No hay comentarios.: