¡Qué tiempos estos en los que la escuela, situada ante la jerarquía y sus consiguientes directrices, se hace pequeña y permeable y obediente! (es un buen momento para colocar conjunciones copulativas que transmitan la imposibilidad de salir de las servidumbres anunciadas por los adjetivos).
El director general cuenta el siguiente chiste: un maestro da instrucciones a sus alumnos del tipo de "copien", "dejen un margen de dos centímetros a la izquierda", "utilicen bolígrafo de color azul" "contesten según el esquema"... En un momento determinado utiliza una instrucción de signo diferente: "elijan". Los niños que hasta entonces guardan un silencio respetuoso, dicen: "Elegir, elegir... ¿qué quiere decir elegir?"
Y los maestros presentes ríen la gracia (por cierto, la gracia no era suya -del director general-; era de un dibujante que ahora no recuerdo).
Y yo siento que se me abren las carnes (disculpas por la metáfora). Hemos vuelto a caer en las redes de pedagogos-predicadores cuyos dictámenes siempre salen gratis -a ellos-, mientras que los demás pagan durante generaciones su ligereza e ignorancia.
¡El constructivismo ataca de nuevo!
El hecho de que una escuela proponga modelos sin grandes disyuntivas que produzcan la satisfacción de poder elegir, no significa que esté abocada a la producción de seres acríticos. Solo a partir de la asunción de un modelo, el niño o el adolescente o el adulto pueden proponer alternativas creíbles. Nadie crea desde la nada. Mi ateísmo de hoy vino precedido de una catequesis exhaustiva.
Volvemos a los procedimientos. Y no tengo nada en su contra. Pero una visión de la escuela centrada abusivamente en el cómo debo hacerlo, volverá a producir millones de niños perdidos, deambulando a la busca del camino correcto, porque el maestro seguirá inhibiéndose de dar soluciones y solo se dedicará a proporcionar un ambiente que favorezca la búsqueda.
El constructivismo es un sistema extraordinario para el que posee un suelo cultural-educativo de primer orden, por eso, los universitarios deberían verse sumergidos en él (concedo que también puede ser estimulante para los cuatro primeros años de vida). Pero, entre los alumnos de primaria conduce a resultados odiosos: aquellos que poseen un ambiente casero adecuado "progresaran adecuadamente" mientras que los niños que procedan de situaciones marginales al fenómeno cultural seguirán alejados de su centro.
Pedagogos, ¡qué modernos y progres, pero qué injustos!
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