lunes, 11 de febrero de 2008

EL LOCO


Las cuadernas nunca crujen en la tempestad con la fuerza del loco de la bodega. Al anochecer, perdido entre los varios mamparos, el monstruo se agita haciendo gravitar espíritu y voz en el interior de su laberinto. Cuando esto sucede, todos salen a cubierta con la intención de lanzar amarras a un puerto inexistente. Son minutos de desconsuelo que sólo acaban cuando los marineros entregan parte de su tesoro. Todos acabamos pagando; nos puede el miedo a esa fuerza primigenia de la que nacimos y a la que no deseamos volver. Pagamos al contado en la única moneda que tiene valor en esta metáfora de ciudad: la esperanza. Tras ello, aumenta nuestro capital de certidumbres mientras nos dejamos invadir por la tristeza.

Imagen: http://www.talleronline.com/modules/gallery/album98/tempestad_001


1 comentario:

RE dijo...

¡Que dificil sería hablar de este fragmento!
En lugar de eso, dejo impresa una sonrisa.

Tu hijo.